La Organización Internacional para las Migraciones (OIM-ONU Migración) señala que alrededor de 304 millones de personas eran migrantes internacionales a mediados de 2024, apenas el 3,7 % de la población mundial.
Su Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2026 destaca la contribución de la migración al empleo, al crecimiento y al desarrollo sostenible, al tiempo que advierte de la proliferación de la desinformación, la restricción de las vías regulares y el aumento de los discursos contrarios a las personas migrantes.
La Organización Internacional para las Migraciones ha publicado el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2026, una amplia revisión de las principales tendencias mundiales y regionales de la migración y los desplazamientos. Aunque fue presentado en mayo de 2026, sus datos proceden de diferentes periodos y, salvo que se indique lo contrario, el análisis no incluye acontecimientos posteriores a diciembre de 2025.
El informe se publica en un contexto marcado por los conflictos, la desigualdad, el cambio climático, las transformaciones tecnológicas y las diferencias demográficas entre países. Mientras algunas economías afrontan el envejecimiento de su población y la escasez de mano de obra, otras cuentan con poblaciones jóvenes que disponen de pocas oportunidades de trabajo decente.
Frente a este escenario, la OIM reclama que las políticas migratorias se apoyen en información contrastada y en el respeto de los derechos humanos, y no en narrativas simplificadoras que presentan la migración exclusivamente como una amenaza o una situación de crisis.
La migración internacional representa el 3,7 % de la población mundial
A mediados de 2024 había aproximadamente 304 millones de migrantes internacionales, frente a los 275 millones registrados en 2020 y los 250 millones de 2015. Pese al crecimiento en cifras absolutas, su proporción respecto al conjunto de la población mundial solo ha aumentado ligeramente durante las últimas décadas.
La OIM recuerda que la mayoría de las personas continúa viviendo en el país en el que nació y que la migración interna es mucho más frecuente que la transfronteriza. También señala que la migración irregular ocupa un espacio desproporcionado en el debate público, aunque representa una pequeña parte de la movilidad mundial.
Esta realidad convive con un aumento sin precedentes de los desplazamientos forzosos. A finales de 2024, más de 120 millones de personas se encontraban desplazadas en todo el mundo, incluyendo refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos y otras personas necesitadas de protección internacional. Más de 83 millones permanecían desplazadas dentro de sus propios países.
Solo durante 2024 se produjeron cerca de 65,8 millones de desplazamientos internos: 45,8 millones estuvieron relacionados con desastres y 20,1 millones con conflictos y situaciones de violencia. La OIM advierte de que los efectos del cambio climático y la degradación ambiental se combinan con la pobreza, la falta de infraestructuras y los problemas de gobernanza, incrementando la vulnerabilidad de las poblaciones afectadas.
Cerca de 168 millones de personas son trabajadoras migrantes
Según los últimos datos disponibles, correspondientes a 2022, había cerca de 168 millones de personas trabajadoras migrantes internacionales, casi el 60 % de la población migrante mundial estimada en ese momento. Su número aumentó en más de 30 millones entre 2013 y 2022.
La mayoría se concentra en los países de ingreso alto, donde residían más de 114 millones de personas trabajadoras migrantes, el 68,4 % del total. La OIM relaciona esta distribución con la existencia de mayores oportunidades laborales y mejores niveles de vida.
Los datos muestran también una importante diferencia por sexo. En 2022, 102,7 millones de trabajadores migrantes eran hombres, el 61,3 %, mientras que 64,9 millones eran mujeres, el 38,7 %. El informe señala que muchas mujeres migrantes se concentran en el empleo doméstico, los cuidados y el trabajo informal, actividades que con frecuencia quedan fuera de las vías de migración laboral regular.
Además de cubrir necesidades de los mercados de trabajo, las personas migrantes realizan una contribución económica y social que trasciende los países de destino. Las remesas internacionales alcanzaron en 2024 un volumen estimado de 905.000 millones de dólares. De esta cifra, 685.000 millones se dirigieron a países con ingresos bajos y medianos.
Estos recursos constituyen un apoyo esencial para millones de hogares y comunidades superando la ayuda oficial al desarrollo y la inversión extranjera directa destinadas a esos países. Sin embargo, la OIM recalca que la aportación de la migración no se limita a las remesas, sino que incluye la transferencia de conocimientos y competencias, la iniciativa empresarial, la innovación, las inversiones y la creación de redes transnacionales.
Por todo ello, el informe considera la migración como un activo estratégico para el desarrollo sostenible. Para preservar esa aportación, propone proteger los derechos laborales y sociales de las personas migrantes, facilitar el reconocimiento de sus cualificaciones, garantizar la portabilidad de las prestaciones y reducir los costes de contratación y envío de remesas.
Las restricciones no detienen la migración y aumentan la vulnerabilidad
La OIM cuestiona algunas de las ideas más extendidas sobre las vías de migración regular. El informe señala que estas vías no están abiertas de manera uniforme, sino que son cada vez más selectivas y se distribuyen de forma desigual entre regiones, países y grupos de población.
Las políticas restrictivas no necesariamente reducen la movilidad. Por el contrario, pueden desplazarla hacia rutas más peligrosas y precarias, aumentar los costes de los desplazamientos y favorecer la dependencia de redes informales o delictivas. La falta de alternativas seguras expone a las personas migrantes a un mayor riesgo de trata, violencia, explotación laboral y trabajo forzoso.
La regularización facilita el acceso al empleo formal, los derechos laborales, la atención sanitaria, la educación, la justicia y los mecanismos de protección. No obstante, el informe advierte de que la regularidad administrativa debe acompañarse de medidas de inclusión social y laboral y de actuaciones frente a factores estructurales como la economía sumergida.
La situación afecta especialmente a las mujeres. Aunque la regularización mejora su acceso al empleo formal y a los derechos laborales, siguen afrontando brechas salariales, informalidad, dificultades para el reconocimiento de sus competencias y menores oportunidades de promoción profesional. La falta de vías regulares también incrementa su exposición a la violencia sexual, la trata y la explotación laboral.
La OIM alerta, además, de la creciente instrumentalización política de la migración y de la difusión de información falsa a través de las redes sociales y de las nuevas tecnologías. Los discursos que responsabilizan injustamente a las personas migrantes de los problemas económicos y sociales alimentan la discriminación y la xenofobia y pueden utilizarse para justificar medidas que restrinjan sus derechos.
Frente a ello, el informe reclama campañas de sensibilización, iniciativas de verificación de datos y programas de alfabetización mediática. Proporcionar información rigurosa y accesible sobre la realidad migratoria resulta esencial para combatir los discursos falsos y construir políticas que permitan una migración segura, ordenada y regular, beneficiosa para las personas migrantes y para las sociedades de origen y destino.