Expertos y mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas advierten de que la esclavitud ha evolucionado hacia nuevas formas, que afectan de manera desproporcionada a personas en situación de pobreza, discriminación, desplazamiento y migración, y reclaman reforzar la protección y el acceso a la justicia de las víctimas
Cien años después de la adopción de la Convención sobre la Esclavitud, las formas contemporáneas de esclavitud continúan privando a millones de personas de su libertad, dignidad y derechos humanos. Así lo advierten expertos, grupos de trabajo y mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas en una declaración conjunta publicada con motivo del centenario de este instrumento internacional, adoptado el 25 de septiembre de 1926.
La declaración recuerda que el fin oficial del sistema de esclavitud por bienes muebles en el siglo XIX no supuso la desaparición de sus consecuencias ni de otras formas de sometimiento. Por ello, el centenario se plantea no solo como la conmemoración de un avance histórico, sino también como un llamamiento a renovar los esfuerzos para erradicar la esclavitud en todas sus formas.
Una Convención que sentó las bases del sistema internacional de derechos humanos
La Convención sobre la Esclavitud constituyó una de las primeras expresiones de cooperación internacional dirigidas a proteger la dignidad humana. En un momento anterior a la creación del actual marco internacional de derechos humanos, los Estados reconocieron que la abolición de la esclavitud requería una actuación colectiva.
El texto estableció el principio de que ninguna persona debe ser tratada como propiedad y contribuyó posteriormente al desarrollo de instrumentos internacionales destinados a proteger los derechos humanos, las libertades fundamentales y la dignidad de las personas.
Naciones Unidas recuerda que ese legado se encuentra presente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y las posteriores convenciones dirigidas a combatir, entre otras vulneraciones, el trabajo forzoso, la trata de personas, la explotación infantil y las formas contemporáneas de esclavitud.
En 2026 se cumple asimismo el 70 aniversario de la Convención Suplementaria de 1956 sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas similares a la esclavitud, que reforzó la respuesta internacional frente a prácticas como la servidumbre por deudas, la servidumbre, el matrimonio servil y la explotación infantil.
La esclavitud ha evolucionado hacia nuevas formas de explotación
Pese a los avances registrados durante el último siglo, los expertos de Naciones Unidas advierten de que el compromiso asumido por los Estados para conseguir la abolición completa de la esclavitud continúa sin cumplirse.
La esclavitud, señalan, ha evolucionado en lugar de desaparecer y ha adoptado formas nuevas y, en muchas ocasiones, ocultas, que mantienen a millones de personas atrapadas en situaciones de explotación y abuso. Al mismo tiempo, determinadas formas tradicionales, como la esclavitud basada en la descendencia, continúan existiendo en algunas regiones.
La declaración identifica además la impunidad como uno de los factores que favorecen la persistencia de estas vulneraciones, al impedir que las víctimas puedan acceder a la justicia, a remedios efectivos y a garantías de no repetición.
La pobreza, la discriminación y la migración aumentan la vulnerabilidad
Las formas contemporáneas de esclavitud no afectan de la misma manera a toda la población. Naciones Unidas advierte de que tienen un impacto desproporcionado sobre las personas que se enfrentan a situaciones de pobreza, discriminación, conflictos armados, cambio climático, desplazamiento, migración y marginación.
El documento señala asimismo que, en determinados contextos, los efectos humanitarios adversos de las medidas coercitivas unilaterales pueden contribuir a provocar migraciones forzadas e incrementar la vulnerabilidad de las personas frente a la trata y otras formas de explotación.
Los expertos también llaman la atención sobre las consecuencias persistentes de la esclavitud de las personas africanas y del colonialismo, que continúan contribuyendo a las desigualdades, la discriminación y la injusticia social. En este sentido, destacan que los pueblos indígenas y las personas afrodescendientes han sufrido impactos graves y desproporcionados tanto de las formas tradicionales como de las contemporáneas de esclavitud.
Las formas de esclavitud y el acceso a la protección también están condicionados por el género
La declaración incorpora expresamente la perspectiva de género y advierte de que las dinámicas de género condicionan tanto las manifestaciones de la esclavitud como las posibilidades de acceder a protección y apoyo.
Esto se traduce en experiencias diferentes para mujeres y niñas, hombres y niños, así como para las personas trans y de otros géneros diversos, tanto en las formas de explotación sufridas como en su acceso a los mecanismos de protección.
Esta perspectiva se integra en un llamamiento más amplio a reconocer que las distintas situaciones de vulnerabilidad y discriminación pueden incrementar el riesgo de sufrir formas contemporáneas de esclavitud y dificultar posteriormente el acceso de las víctimas a la justicia.
Un llamamiento a Estados, empresas y sociedad civil
Con motivo del centenario, los expertos de Naciones Unidas reclaman la actuación de Estados, organizaciones internacionales, sociedad civil, empresas y comunidades para hacer frente tanto a las formas contemporáneas de esclavitud como a sus legados históricos.
Entre las prioridades señaladas se encuentran reforzar los esfuerzos destinados a eliminar estas prácticas, garantizar la rendición de cuentas, proteger a las víctimas y supervivientes y asegurar su acceso a la justicia.
La declaración insta asimismo a los Estados que todavía no lo hayan hecho a ratificar tanto la Convención sobre la Esclavitud de 1926 como la Convención Suplementaria de 1956.
Finalmente, los mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas subrayan que las respuestas sostenibles frente a las formas contemporáneas de esclavitud deben situar en el centro las voces, el liderazgo y las experiencias de las personas supervivientes.