Por un Trabajo Digno, es un proyecto de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT, iniciado en el año 2006 gracias a la financiación de la Dirección General de Inclusión y Atención Humanitaria, del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (MISSM), y desde el año 2007 también cofinanciado por el Fondo Social Europeo (FSE), en el marco de los distintos Programas Operativos (“P.O. Lucha contra la discriminación 2007-2013”, “P. O. de Inclusión Social y de la Economía Social 2014-2020” y “Programa de Inclusión Social, Garantía Infantil y Lucha contra la Pobreza 2021-2027 FSE+”). Este proyecto de sensibilización, tiene como objetivo prevenir la discriminación en el acceso y permanencia en el empleo así como promover la igualdad de trato en el ámbito laboral entre las personas nacionales de terceros países y la población autóctona. Entre sus acciones: sensibilizar a la sociedad mediante el Boletín Por un Trabajo Digno; informar a los trabajadores y trabajadoras sobre sus derechos y obligaciones en el ámbito laboral, elaborando y difundiendo material informativo específico; y realizar campañas de sensibilización contra la discriminación y los prejuicios como la campaña #TrabajoLibreDeBulos; dedicando siempre una especial atención a las mujeres trabajadoras extranjeras no comunitarias, así como a las personas de nacionalidad extracomunitaria que se encuentran en situación de riesgo de pobreza o exclusión.

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La Estrategia Estatal frente a las soledades reconoce el impacto específico en personas migrantes

El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha publicado el Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026–2030, que incorpora una mirada interseccional y reconoce que la migración, la discriminación y la vulnerabilidad social pueden intensificar las situaciones de soledad.

El documento sitúa la experiencia migratoria como uno de los procesos vitales que incrementan el riesgo de desconexión y aislamiento.

La migración como factor en la producción de soledades

El Marco señala que la soledad no es únicamente una vivencia individual, sino un fenómeno condicionado por factores estructurales y relacionales. Entre las circunstancias que pueden favorecer su aparición y cronificación, identifica expresamente la migración como transición vital crítica.

La reorganización de redes sociales, la ruptura de vínculos previos, los cambios culturales y lingüísticos o las dificultades de acceso a recursos y servicios pueden generar situaciones de aislamiento o desconexión en personas migrantes, especialmente cuando no existen apoyos comunitarios sólidos.

Discriminación racial y soledad

El documento recoge que los estudios recientes sobre discriminación racial o étnica en España evidencian graves impactos emocionales y psicológicos, que pueden derivar en sensación de soledad.

Se subraya que las personas migrantes racializadas pueden sufrir discriminación múltiple o interseccional, lo que incrementa el riesgo de aislamiento social y desconexión. La experiencia de racismo, estigmatización o exclusión actúa como factor que debilita el sentimiento de pertenencia y la participación comunitaria.

Estigmas y representaciones sociales

El Marco también advierte que las representaciones estereotipadas sobre personas migrantes pueden influir en la producción de soledades.

Las narrativas sociales estigmatizantes afectan a la autopercepción, dificultan la construcción de vínculos y pueden reforzar dinámicas de exclusión.

En este sentido, el enfoque interseccional del Marco reconoce que la vivencia de la soledad se configura por la interacción de múltiples desigualdades —entre ellas, el origen racial o étnico— que pueden acumularse y agravar la exposición a situaciones de aislamiento.

Apoyos relacionales en momentos de transición vital

Entre los retos estratégicos, el Marco plantea ofrecer apoyos relacionales a lo largo del curso vital, señalando expresamente que la migración es uno de los momentos de transición donde las soledades pueden intensificarse.

Se propone avanzar hacia modelos de intervención que reconozcan el derecho a mantener vínculos afectivos significativos y que promuevan comunidades cuidadoras, con perspectiva de género y corresponsabilidad social.

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